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Miecoles 24 de junio del 2026
Primera menstruación: qué cambios son normales y cuándo consultar a un especialista
La llegada de la primera menstruación marca un momento importante en la vida de las niñas y representa el inicio de la pubertad. Sin embargo, este proceso suele generar dudas tanto en las adolescentes como en sus familias. La médica especialista en Ginecología Infanto Juvenil Dra. Gladis Salvatierra M.P 1978, explicó cuáles son los cambios esperables, cuándo es necesario prestar atención y cuál es el rol fundamental de los adultos en esta etapa. Según la profesional, la primera menstruación, conocida como menarca, suele aparecer entre los 12 y 14 años de edad. Este primer sangrado indica que el organismo está atravesando cambios propios del desarrollo hacia la adolescencia. No obstante, existen situaciones que pueden requerir una evaluación médica. Se considera pubertad precoz cuando los cambios puberales comienzan antes de los 12 años, observándose frecuentemente alrededor de los 8 años. En cambio, se habla de pubertad tardía cuando estos cambios se presentan después de los 15 años. Entre las transformaciones físicas más comunes se encuentran el desarrollo mamario, con la aparición del denominado "botón mamario" y cambios en la areola, además de la aparición de vello en la zona pubiana y axilar. También pueden presentarse cambios emocionales y afectivos propios de esta etapa de crecimiento. La especialista destacó la importancia del acompañamiento familiar durante este proceso. Las madres y los adultos responsables deben explicar estos cambios con sensibilidad y naturalidad, ayudando a las niñas a comprender que se trata de una etapa normal del desarrollo, señaló. Asimismo, recordó que la adolescencia implica una transición compleja entre la niñez y la adultez, razón por la cual el acompañamiento emocional resulta tan importante como el seguimiento de los cambios físicos. Respecto a la menstruación, indicó que lo habitual es que se presente de manera mensual y sin síntomas significativos. Sin embargo, recomendó consultar a un profesional cuando aparecen sangrados muy abundantes, dolores intensos o ciclos muy irregulares. En cuanto a la atención médica, explicó que la primera consulta suele realizarse con el pediatra. Si este detecta cambios corporales que no corresponden a la edad de la paciente o considera necesario un seguimiento especializado, puede derivarla a un profesional de Ginecología Infanto Juvenil. Con información adecuada, diálogo y acompañamiento, la llegada de la primera menstruación puede vivirse como un proceso natural y saludable dentro del crecimiento de cada niña.
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Lunes 6 de Julio del 2026
Parir lejos de las oportunidades: la realidad de las mujeres del norte jujeño frente al acceso a la salud.
La historia de una joven madre de Susques refleja las dificultades que atraviesan muchas mujeres durante el embarazo por la falta de especialistas, equipamiento médico y recursos en el interior de la provincia.
Por Natalia Blacut
En las grandes ciudades, realizar controles durante el embarazo suele formar parte de la rutina. Sin embargo, para muchas mujeres que viven en el norte de Jujuy, acceder a una consulta con un especialista implica recorrer cientos de kilómetros, afrontar importantes gastos económicos y convivir con la incertidumbre de no saber si recibirán la atención que necesitan. La historia de Estéfani Macarena Ferreyra, quien vivió varios años en la localidad de Susques, es una muestra de esa realidad. "Cuando me enteré de mi segundo embarazo fue un susto porque no era planeado, pero mi mayor preocupación fue saber que en el hospital no había un ginecólogo", recuerda. En Susques, donde viven alrededor de 1.500 personas, el sistema de salud cuenta únicamente con un médico generalista, personal de enfermería y un ecógrafo básico. La llegada de especialistas depende de visitas esporádicas que, según relata, pueden producirse una vez cada uno o dos meses y conseguir un turno no siempre es posible. Por ese motivo, decidió viajar todos los meses a San Salvador de Jujuy para realizar los controles con un obstetra. Cada consulta significaba recorrer cuatro horas de viaje por tramo, además de afrontar gastos de transporte, alimentación y movilidad dentro de la ciudad. La situación se volvió aún más compleja cuando, a los cuatro meses de embarazo, sufrió una amenaza de aborto producto de una infección. Fue internada en el hospital local, pero las complicaciones continuaron. "Sentía dolores muy fuertes y tenía sangrados. En Susques me decían que era una infección, pero cuando viajé a Jujuy un obstetra descubrió que el problema estaba en mis riñones", cuenta. Durante gran parte del embarazo sufrió vómitos constantes que le impedían alimentarse. Perdió peso y el medicamento que finalmente alivió su cuadro no se conseguía en la localidad. "No hay farmacia en Susques. Mi pareja tuvo que viajar ocho horas hasta Jujuy para comprar la medicación y llevarla. Solo así pude alimentarme durante los últimos dos meses del embarazo." Además de la preocupación por su salud, cada viaje implicaba un fuerte impacto económico para la familia. "Tenía que viajar con mi hija mayor porque no tenía con quién dejarla. Eran dos pasajes, más los traslados y la comida." Aunque durante el embarazo debió trasladarse constantemente, el nacimiento de su bebé ocurrió en el hospital de Susques. "Llegué con nueve centímetros de dilatación. Mientras buscaban mi historia clínica y me revisaban, ya estaba en diez. Fue un parto muy distinto a los que se realizan en la ciudad. Ni siquiera llegaron a colocarme un suero. En un momento sentí que ya no podía más y le pedía a la doctora que sacara a mi hija, pero me respondió que primero debía salir la cabeza. Solo quedaba seguir pujando." Hoy, al mirar hacia atrás, asegura que lo más difícil fue atravesar todo el embarazo con tantas limitaciones. "Creo que muchas mujeres de mi comunidad viven situaciones similares. Hace falta un ginecólogo, un obstetra, mejores equipos y más recursos para atender las urgencias." Su testimonio busca dar voz a una problemática que, según sostiene, permanece invisibilizada. "Las zonas rurales también tenemos derecho al acceso a la salud. También somos personas y merecemos que se respeten nuestros derechos básicos. Contar mi historia es mostrar una realidad que existe y que muchas veces no se conoce. Los pueblos originarios también necesitamos ser escuchados." La experiencia de Estéfani pone rostro a una problemática que excede lo individual. Para muchas mujeres del norte jujeño, el derecho a una maternidad segura continúa condicionado por la distancia, la falta de especialistas y las desigualdades territoriales en el acceso al sistema de salud.
